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B I N O C U L A R E S


1. MIRANDO LA NOCHE

Una noche de invierno iba yo con mis prismáticos al hombro en busca de un lugar solitario y oscuro para entretenerme en aprender una nueva constelación. Me encontré por el camino a un conocido que me preguntó dónde iba yo con mis prismáticos al hombro, a lo que contesté sencillamente: "a mirar estrellas". Como sorprendido y burlón al mismo tiempo replicó él: "¿las estrellas, por la noche?".

Aunque a aquel individuo nunca se le hubiera ocurrido mirar hacia arriba alguna vez estoy seguro que sabía muy bien qué eran las estrellas. También estoy convencido de que de alguna manera sabía que las estrellas sólo pueden verse por la noche, entonces ¿a qué vino aquel "peculiar" comentario?

Lo cierto es que muchísima gente asocia -de manera natural por cierto- los binoculares a la observación durante el día, por cuestión de luz más que nada. Y es verdad que por la noche puede verse muy poca cosa aquí abajo pero arriba, en el firmamento, está todo. Cuando he dejado los prismáticos a algún acompañante espontáneo su sorpresa, al comprobar la cantidad de estrellas que aparecen de repente allí dónde antes apenas había media docena, da a entender lo útil que para la observación de la bóveda celeste pueden ser los binoculares.



2. BINOCULARES PARA ASTRONOMÍA

A diferencia de los telescopios los binoculares abarcan zonas del firmamento más extensas y son por lo general muy luminosos, lo que los hace especialmente adecuados para la observación de cúmulos estelares, nebulosas y alguna que otra galaxia. Visitar el centro de la Galaxia (la Vía Láctea) es también una de esas experiencias que vale la pena realizar aunque sólo sea para dejarnos maravillar. Y cuando la experiencia ha madurado y la afición se mantiene comprobaremos que a los prismáticos se les puede extraer mucho más rendimiento y utilidad de la meramente aparente, hasta convertirse en un instrumento imprescindible en nuestro equipaje nocturno.


 2.1. LOS NÚMEROS DE LOS BINOCULARES

En todos los prismáticos figura impresa en alguna parte su potencia con una expresión del tipo aumentos X abertura. El valor aumentos hace referencia al número de veces que veremos más grande (o más cerca) al objeto. La abertura es el diámetro en milímetros de las lentes objetivo. Con ello una inscripción del tipo 8X6O no resulta ahora tan críptica porque entendemos perfectamente que nos estamos refiriendo a unos binoculares de 8 aumentos (8X) y 60mm de abertura.

Al contrario que para la observación terrestre, en la que normalmente se tiende hacia binoculares de muchos aumentos, en la observación astronómica no interesa esta cuestión tanto como la abertura. Para el uso astronómico los binoculares deben tener un mínimo de 50 mm. de diámetro de objetivo porque cuanto mayor sea la abertura tanto mayor será su poder recolector de luz y más detalles y objetos tenues podrán observarse.

Pero pese a ser el tamaño del objetivo una cuestión prioritaria también debe tenerse en cuenta lo que ello supone en cuanto a volumen, peso y precio. Parece estar claro que a mayor diámetro mayores serán también su longitud, peso, volumen, coste y, por supuesto, prestaciones. Existen binoculares de 100 mm. de abertura -más que la mayoría de telescopios refractores de aficionado- pero debemos preguntarnos si realmente nos hará falta un instrumento tan extraordinario.

Así pues, necesitamos unos binoculares luminosos por lo que decidimos que su abertura debe ser grande. Pero resulta que la luminosidad también está en función de los aumentos: a menores aumentos -en proporción a la abertura- mayor campo y luminosidad. Debe existir entonces alguna relación entre esas dos variables para que unos binoculares nos resulten realmente provechosos. Adquirir unos binoculares con una gran abertura pero olvidándonos por completo de los aumentos puede resultar tan nefasto para nuestros objetivos como comprar simplemente cualquiera.

Podemos concluir que el tipo de binoculares que necesitamos para la observación astronómica debe tener un diámetro a partir de 50 mm y una potencia "adecuada" a su abertura. Pero seguimos igual, ¿cuál ha de ser esa potencia?

El factor twilight se obtiene al poner en relación los aumentos y el diámetro de los binoculares y proporciona la capacidad del instrumento para captar detalles con poca luz. Cuanto mayor sea el valor obtenido mayor será esa capacidad.

Con frecuencia encontraremos que los binoculares que vienen aconsejándose para su uso como instrumento astronómico son normalmente del tipo 7X50, 8X60 y 11X80, siendo los factores twilight obtenidos para cada una de esas relaciones 18.7, 21.9 y 29.6 respectivamente.

Introduciendo los valores correspondientes de nuestros prismáticos en el siguiente formulario sabremos cuál es ese factor, o podemos probar con distintas combinaciones. Podremos comparar después el resultado con los valores anteriores para tener una mejor referencia de las posibilidades de nuestro instrumento.


Datos de los BINOCULARES

Diámetro: mm.

Aumentos: X

RESULTADOS

Factor twilight =

Pupila de salida =


En los resultados se muestra también en milímetros el tamaño de la pupila de salida, que es el diámetro del haz de luz que sale de cada uno de los oculares hacia el ojo. Sabiendo que la pupila humana tiene un diámetro máximo aproximado de 7 mm y que si lo que queremos es recibir la mayor cantidad posible de luz, la pupila de salida no debería ser inferior a 5 mm. Tenemos aquí un nuevo parámetro que nos ayudará a decidir acerca de los binoculares más adecuados a nuestras necesidades astronómicas. Un valor óptimo debe situarse en 7 mm o en un entorno muy próximo.

 El factor Twilight y la pupila de salida

A la hora de evaluar los resultados no olvidemos echar una mirada al valor de la pupila de salida. Con toda seguridad obtendremos factores twilight mejores cuantos más aumentos proporcionemos a los binoculares o cuantos más milímetros añadamos a su diámetro, pero si observamos el diámetro del haz de luz hacia nuestros ojos veremos que, o bien nuestra pupila no es capaz de captar todo el haz o bien éste resultará ser tan pequeño que habrá convertido los binoculares en un pequeño e inútil telescopio, y ese no es el asunto del que se trata.

Los aspectos funcionales que hacen o no adecuados unos prismáticos para la observación del firmamento son los que acabamos de ver. Pero no acaban aquí todos los detalles técnicos: desde el pulido de las lentes, la corrección del cromatismo y otras aberraciones ópticas o los esmaltes antirreflectantes hasta el propio mecanismo de enfoque y corrección de la dioptría y otros tantos aspectos que no voy a describir ahora, pueden dar al traste con todo el conjunto si no hay calidad en todo ello. Como de costumbre, y siempre que no nos estén engañando, el precio y la marca son un buen indicativo de la calidad.

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Pero después de tanta teoría voy a relatar la compra de los binoculares que actualmente tengo para que juzguéis vosotros mismos hasta que punto todo esto puede ser también muy relativo en algunas ocasiones.

Conociendo todo lo que he expuesto hasta aquí decidí hacer una buena compra. En el establecimiento, catálogo en mano, no conseguía decidirme y dudaba continuamente de la idoneidad de cada uno de los dos binoculares a los que había echado el ojo. Ambos eran de muy buena marca: el primero y más barato un 8X56 y el más caro un 9X63. Por "números" debía haber elegido estos últimos pero yo quería tenerlos antes en mis manos para saber algo más de ellos.

Como soy cliente del establecimiento solicitaron el envío de los dos modelos y me los dejaron llevar por una noche para probarlos. Afortunadamente esa noche estaba limpia y con un cielo oscuro asombroso, ideal para la gran prueba.

Lejos de lo previsto resultó que el 8X56 proporcionaba un espectáculo celeste del que el 9X63 no parecía querer saber gran cosa. La teoría no me cuadraba con la evidencia he hice todas las comprobaciones y revisiones que creí que debían hacerse para asegurarme de que aquello era cierto. A la mañana siguiente pagué gustoso el menor importe de los binoculares que la noche anterior más me habían satisfecho, el 8X56.

Todavía hoy me pregunto qué debía diferenciar a aquellos binoculares, ambos de gama alta, para que yo obtuviera unas imágenes tan radicalmente distintas en favor del que se suponía que debía ser un poco peor.


 2.2. MÉTODOS Y ACCESORIOS

Usar unos binoculares no exige conocimientos especiales ni libros de instrucciones, basta dirigirlo al objeto, enfocar y mirar. Pero cuando observamos las estrellas y otros cuerpos celestes parece que la cosa deje de ser tan sencilla.

Cuando se alzan los prismáticos hacia la bóveda celeste da la impresión de que no se consiga un enfoque perfecto y esto es así porque realmente resulta difícil saber si los pequeños puntos de luz que se presentan ante nosotros deben verse así, con ese efecto "estrellado", o deberían aparecer como motas puntuales y bien definidas. El estado de la atmósfera, el seeing, tiene mucho que ver con este efecto y la experiencia nos ayudará a distinguir cuando disponemos de un buen seeing o no, lo que también nos ayudará a entender mejor si la imagen que obtenemos con los prismáticos es la correcta para el estado de la atmósfera en esa noche.

Saber distinguir el seeing es importante pero de nada servirá si no sabemos graduar correctamente ambos oculares. En casi todos los prismáticos uno de sus oculares -normalmente el derecho- puede graduarse independientemente y su utilidad es la de corregir el efecto de astigmatismo y las diferencias de visión que puedan haber en cada ojo.

Para ello primero deben ajustarse ambos oculares a la distancia interpupilar de manera que veamos una única imagen circular (y no los típicos círculos unidos parcialmente). Después se cierra el ojo correspondiente al ocular regulable independientemente y se enfoca hasta obtener una correcta imagen en el ojo contrario. A continuación se cierra éste y se gira el ocular independiente hasta obtener también un enfoque correcto en ese ojo. Los prismáticos habrán quedado así bien graduados.

Otro aspecto que debemos atender es el de la vibración que transmitimos cuando observamos con los binoculares sujetados a pulso. Por pequeño e inapreciable que pueda parecer el ligero movimiento de nuestras manos éste se convierte en un auténtico baile de estrellas cuando miramos a través de ellos. Necesitamos que los prismáticos permanezcan fijos para que la débil luz que recibimos impresione nuestra retina.

Para solucionar este problema lo más adecuado es utilizar un trípode, pero también he visto emplear un bastón al final del cual se acoplaban de alguna manera los binoculares. En aquella ocasión tuve la oportunidad de tener en mis manos unos prismáticos totalmente pegajosos del rastro que iba dejando el esparadrapo al usar un artilugio de este tipo (el alambre existe). Además el método tampoco es muy bueno porque lo único que permite el bastón es servir de punto de apoyo pero no elimina los movimientos laterales. Pero si no se dispone de otra cosa éste es un recurso más, además de que en alguna ocasión nos veremos obligados a utilizarlo con nuestro flamante trípode en casa.

Los buenos prismáticos tienen una pieza a rosca que permite acoplarlos a un trípode de los del tipo fotográfico. La instalación se completa con la pieza que facilita un ensamblaje perfecto y muy cómodo del conjunto con el trípode. Tenemos que tener en cuenta que muchas veces nos veremos al aire libre con un frío que cala los huesos y con las manos desnudas para poder manipular todo nuestro instrumental. Si mejoramos las condiciones de comodidad (cuanto más mejor pero sin grandes lujos) más provecho obtendremos de nuestras observaciones.

Y por lo que se refiere al trípode no hay que decir más que debiera poderse extender tanto como nuestra propia altura para no tener que encorvarnos u obligarnos a hacer contorsiones con nuestro cuello. Además la plataforma debería permitir un movimiento en los ejes vertical y horizontal como una montura azimutal y que después pudiera bloquearse para dejar los prismáticos en la posición deseada. Existen otros modelos cuya plataforma se asienta sobre una rótula que permite el movimiento simultáneo en todas las direcciones. He tenido la oportunidad de probar los dos tipos y mi opinión es que resultan mucho más cómodos y prácticos los primeros.

Disponer de un trípode no sólo nos va a proporcionar comodidad y precisión en las observaciones sino que también podremos utilizarlo para la fotografía astronómica de campo sin seguimiento. Las piezas están pensadas para que puedan intercambiarse con mucha facilidad y rapidez la cámara fotográfica o los prismáticos. Con un equipo bien pensado y "medido" las noches se hacen realmente entretenidas.


 2.3. BINOCULARES "GIGANTES"

Existen en el mercado binoculares con un diámetro de abertura realmente espectacular. Me refiero a esos en los que podemos leer 20X80, 20X100, 25X141, etc. Son casi como dos pequeños telescopios puestos uno al lado del otro... y pensar que muchos aficionados no disponen de refractores con tales aberturas.

Este tipo de instrumentos son extraordinarios en casi todo, incluso en el precio. Para empezar se puede afirmar que casi todos los objetos Messier estarán a nuestra entera disposición. Decir que que con unos binoculares podemos ver galaxias y nebulosas planetarias es decir mucho, pero así es. Si las condiciones atmosféricas son las adecuadas y disfrutamos de una atmósfera transparente podremos distinguir un buen número de ellas. Realmente podemos disfrutar de un espectáculo visual a cambio de pagar más de lo que podría costarnos un telescopio normalito de incluso 200mm de abertura: los precios pueden ir desde los 500 a los 12.000 pasando por los 4.000 euros.

Pero tenemos que tener en cuenta otra cuestión a añadir a nuestra lista de encargos: el trípode. Está claro que no vale cualquier trípode de los que empleamos normalmente para fotografía. Estos binoculares precisan de trípodes muy robustos y, por tanto, pesados y voluminosos. Un trípode adecuado a este tipo de binoculares puede costar unos 200 euros como mínimo.

Bien, parece ser que el único problema que podemos encontrar a la hora de hacernos con unos prismáticos gigantes sea el precio, pero hay otro aún más importante: su facilidad de uso. Resulta que el tamaño del campo visual de estos binoculares es muy pequeño debido a sus grandes aumentos, por lo que resulta muy difícil guiarnos a través de las estrellas mirando por ellos. Si no se conoce bien el cielo y si no se dispone de cierta práctica en el manejo de telescopios y binoculares grandes, utilizarlos puede ser bastante confuso y frustrante.

En mi opinión no son los binoculares más adecuados para los iniciados y tampoco lo son si lo que se desea es tener una visión amplia del cielo y disfrutar con su contemplación. Más bien están destinados a aficionados con experiencia y conocimiento del firmamento que quieran observarlo y estudiarlo "desde otro punto de vista" con un instrumento que está claramente a caballo entre los tradicionales 7X50 y los telescopios de aficionado.

Y por último una pequeña orientación (consejo) para quienes deseen adquirir uno de estos fantásticos binoculares: que el fabricante los anuncie para uso astronómico -o al menos mencione éste término- y que el enfoque de cada ocular sea independiente y no con el típico rodillo central que desplaza los dos oculares al mismo tiempo mediante un puente entre ambos. Y no olvidemos tampoco que lo barato se acaba pagando dos veces.


ENLACES

A continuación proporciono un único enlace a una página que os pondrá muy al corriente sobre todo cuanto concierne a los binoculares, no sólo para su uso en Astronomía.

Binoculares para Astronomía
por Pablo Lonnie Pacheco Riney
Un artículo que nos habla de las características de los binoculares y de aquellos que son más adecuados para la observación astronómica.


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