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EL VIEJO MANUAL . . . |
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1. NÚMEROS ASTRONÓMICOS
A nuestra escala terrestre sabemos muy bien cuanta distancia son 100 kilómetros y por referencia con otras distancias conocidas también podemos saber cuanto supone 7.000 kilómetros. Pero a poco que nos alejemos de nuestro planeta las cosas empiezan a cambiar considerablemente. Mercurio se encuentra a 91.690.000 km de la Tierra, Marte a 78.340.000 km y Neptuno a 4.347.470.000 km. Es decir, empezamos a hablar de decenas y de miles de millones de kilómetros. En el espacio se pierden por completo nuestras referencias caseras y cualquier distancia de la que nos hablen se hace difícilmente asimilable.
En busca de una unidad de medida mucho más adecuada que nuestro metro y adaptada a las distancias de fuera de nuestra atmósfera se ha adoptado la Unidad Astronómica (UA). Una UA corresponde a 149,6 millones de kilómetros (149.600.000 km) que es la distancia media entre el Sol y la Tierra. Empleando esta nueva unidad de medida Mercurio se encuentra a 0,61 UA de la Tierra, Marte a 0,52 UA y Neptuno a 29,06 UA.
En el ámbito del Sistema Solar la UA resulta ser una unidad muy adecuada, pero cuando las distancias a las que tenemos que referirnos están fuera de él la UA representa magnitudes tan insignificantes como el propio metro.
La solución va a venir de la luz y de la distancia que es capaz de recorrer en un año, el año luz. Pero para entender mejor esta nueva unidad de medida antes tenemos que asimilar algunas ristras de ceros.
La velocidad de la luz es de aproximadamente 300.000 k/s (1.080.000.000 k/h) y tarda 8,3 minutos en llegar desde el Sol a la Tierra. A esa cómoda velocidad de crucero podríamos llegar a Marte en 4,35 minutos y a Plutón en tan sólo 5 horas. Pero sigamos añadiendo ceros a la derecha.
Un billón es un millón de millones (1012) y nuestra nueva unidad, el año luz, 9,5 billones de kilómetros (9.500.000.000.000 km). Con esta nueva unidad de medida Plutón está ahora a 0,00062 años luz de la Tierra y la estrella más cercana, Proxima Centauri, a 4,2 años luz (unos 40 billones de kilómetros).
Pero si queremos ir un poco más allá tenemos que reconocer que Plutón y Proxima Centauri están cerca -de hecho aquí mismo- porque desde el Sistema Solar al centro de nuestra Galaxia hay una distancia de 32.000 años luz (unos 304.000.000.000.000.000 km). Me temo que con nuestra cómoda velocidad de crucero de 300.000 k/s no llegaríamos a tiempo para los postres.
Pero lo que no puede dejar de asombrarnos es que si tomásemos como nueva unidad de medida el diámetro de la Galaxia (100.000 años luz) pronto se nos quedaría tan pequeña como se nos quedó hace un rato la UA para medir otras distancias del Universo conocido, que se cree -por creer algo- que tiene una extensión de centenares de millones de años luz.
2. LA LUNA
| Diámetro | 3.376 km |
| Distancia media a la Tierra | 384.400 km |
| Velocidad orbital en torno a la Tierra | 1,02 km/s |
| Duración de la órbita en torno a la Tierra (mes) | 27,3 días |
| Duración de la rotación sobre su eje (día) | 27,3 días |
| Intervalo entre plenilunios | 29,5 días |
Pero pese a todo la cara visible tiene una rica orografía que no debemos pasar por alto siendo más abrupta que la terrestre en proporción a sus respectivos tamaños.
Encontraremos los llamados mares, también cordilleras, montañas y una abundancia de cráteres algunos de los cuales con diámetros sorprendentes de decenas e incluso centenares de kilómetros.
Aún hoy en día no se está seguro del origen de la Luna. La teoría de la fisión mantiene que una porción de la Tierra se separó debido a la fuerza de rotación y que esta masa dio origen a la Luna y a Marte. Otra teoría mantiene que la Luna se originó conjuntamente con la Tierra partiendo de la misma masa de material cósmico. La tercera teoría considera que la Luna se originó en algún lugar del sistema solar y después fue capturada por la gravedad de nuestro planeta al pasar cerca de éste. La última teoría y la más extendida es que un cuerpo de gran tamaño chocó contra la Tierra y la materia que se desprendió del impacto se unió después para formar nuestro satélite.
Debido a su gran tamaño relativo en la bóveda celeste y a su elevada iluminación, la observación de la Luna es muy fácil sea cual sea el método utilizado. A simple vista podemos seguir la evolución de sus fases y contentarnos con distinguir las zonas oscuras (los mares) y sus límites.
Con prismáticos conseguiremos ver una gran cantidad de los rasgos más característicos de su superficie y con un telescopio observar en detalle esos rasgos. No obstante debe tenerse en cuenta que el relieve de su superficie es mucho más visible y con un mayor contraste en la zona del terminador, que es la línea que divide la parte oscura de la iluminada. Este hecho hace que el mejor método de observación sea recorrer la superficie lunar siguiendo al terminador a lo largo de sus fases hasta completar el plenilunio, pudiendo luego seguir el proceso a partir de aquí hasta la luna nueva. Si éste es el mejor método, la mejor técnica es la de no agotar la observación a los pocos minutos. Aunque pueda parecer que "a golpe de vista" lo hemos visto todo, no es así; y si perseveramos empezaremos a ver detalles que antes habían pasado desapercibidos. Podemos concluir que también en la observación de un cuerpo tan fácil como la Luna se aplica aquella norma tácita que viene a decir que "mirar no es lo mismo que ver".
Creo que sería una pérdida de tiempo que aquí se tratara de describir cada uno de los accidentes de la superficie lunar. Lo mejor es tener a mano un mapa de su superficie -de los habituales en los Atlas de Astronomía- para aprender y para poder contrastar lo que realmente creemos estar viendo en el momento de la observación, no en casa.
Y como no, no nos olvidemos de los eclipses lunares. Por mínimos que sean nuestros recursos para hacernos con información, es seguro que siempre nos enteraremos del próximo eclipse de Luna. Si el tiempo lo permite -y eso ya es otra cuestión- aprovechemos para ver un fenómeno que, aunque relativamente habitual, no se ve todos los días.
3. LOS PLANETAS
Junto con la Luna los planetas son los objetos celestes cuya observación produce más satisfacción al principiante. Pero hay que advertir que tampoco se debe ser excesivamente optimista ni albergar grandes expectativas acerca de lo que se va a ver. Me atrevería a decir que para todos nosotros la primera visión de Saturno fue una mezcla indescriptible de alegría, sorpresa, excitación, entusiasmo... y decepción; después sólo queda una: entusiasmo. Dependerá de las capacidades de nuestro telescopio que esas primeras emociones se ponderen a favor de unas u otras.
Al recorrido del Sol en la bóveda celeste se le llama Eclíptica y no es más que la proyección de la órbita de la Tierra en su movimiento de traslación. Puesto que el resto de planetas tienen planos orbitales muy próximos al nuestro los vemos también siguiendo ese mismo recorrido a lo largo de una estrecha franja. Sólo Mercurio y Plutón consiguen traspasar esa franja imaginaria hasta alcanzar alejamientos inusuales a uno y otro lado debido a la mayor inclinación de sus planos orbitales.
Se llaman planetas interiores aquellos cuyas órbitas están entre la Tierra y el Sol y planetas exteriores aquellos otros cuyas órbitas se sitúan más allá de la de la Tierra. Los planetas interiores (Mercurio y Venus) se observan siempre muy próximos a un lado o al otro del Sol debido al tamaño aparente de sus órbitas vistas desde la Tierra. Este hecho provoca que Mercurio y Venus puedan ser vistos por un relativo corto espacio de tiempo después de la puesta del Sol o antes del amanecer. Las mejores condiciones son aquellas en las que su elongación (separación respecto al Sol) es máxima, siendo de 28° en el caso de Mercurio y de 47° para Venus. En cambio los planetas exteriores (Marte, Júpiter, Saturno, Urano, Neptuno y Plutón) recorren toda la bóveda celeste porque el tamaño aparente de sus órbitas es mayor que la de la Tierra, pudiendo alcanzar una separación de 180° con respecto al Sol, es decir, salir por el horizonte Este cuando el Sol se está poniendo por el Oeste.
La tabla siguiente contiene algunos datos interesantes por sí mismos y que además pueden ayudar a comparar las magnitudes que acompañan a cada planeta para después apreciar mejor la visión que de ellos vamos a obtener en nuestro telescopio.
| Planeta | Diámetro ecuatorial (Km) | Distancia media al Sol (Km) | Distancia media a la Tierra (Km) | Velocidad orbital (Km/s) | Duración de la órbita | Magnitud máxima aparente | Satélites conocidos |
|---|---|---|---|---|---|---|---|
| MERCURIO | 4.878 | 57.910.000 | 91.690.000 | 47,89 | 87,97 d | -1,4 | 0 |
| VENUS | 12.103 | 108.200.000 | 41.400.000 | 35,03 | 224,70 d | -4,4 | 0 |
| TIERRA | 12.756 | 149.600.000 | 0 | 29,79 | 365,26 d | 1 | |
| MARTE | 6.786 | 227.940.000 | 78.340.000 | 24,13 | 1,88 a | -2,8 | 2 |
| JÚPITER | 142.984 | 778.330.000 | 628.730.000 | 13,06 | 11,86 a | -2,8 | 16 |
| SATURNO | 120.536 | 1.426.980.000 | 1.277.380.000 | 9,64 | 29,46 a | -0,3 | 18 |
| URANO | 51.118 | 2.870.990.000 | 2.721.390.000 | 6,81 | 84,01 a | +5,5 | 15 |
| NEPTUNO | 49.528 | 4.497.070.000 | 4.347.470.000 | 5,43 | 164,79 a | +7,8 | 8 |
| PLUTÓN | 2.284 | 5.913.520.000 | 5.763.920.000 | 4,74 | 248,54 a | +13,6 | 1 |
Lo que viene a continuación es una descripción de lo que podemos esperar ver con un telescopio de no más de 120 mm de abertura. Estas descripciones no son en absoluto rigurosas y si bien son en ocasiones pesimistas no pretenden limitar las muchas actividades que pueden llevarse a cabo con la observación de los planetas y mucho menos desalentar esa observación. Remito al lector a las revistas especializadas, manuales, libros y en general a cualquier otro material que le provea de los conocimientos precisos para extraer todo el rendimiento posible a esta actividad.
Sólo Venus, Júpiter, Saturno y ocasionalmente Marte ofrecen una visión clara e inmediata al aficionado, el resto de planetas requieren elevadas dosis de paciencia y experiencia. Pero no por ello debe abandonarse su observación porque si se persiste en ello se comprobará cómo se alcanzan pequeños logros cada vez. Ese es el reto.
MERCURIO - Debe ser localizado al Oeste poco después de la puesta del Sol o al Este poco antes del amanecer. Estos condicionantes hacen que sea realmente difícil de ver, agravados además porque por su proximidad al horizonte su imagen aparece muy afectada por las turbulencias atmosféricas y se ve muy borrosa. Si el objetivo se consigue podrá advertirse la existencia de fases en una imagen diminuta. La mejor oportunidad para su estudio es cuando su elongación es máxima.
VENUS - Es el astro más luminoso del firmamento hasta el punto que puede verse durante el día si se conoce su posición exacta. Al ser un planeta interior puede ser observado a no mucha distancia del Sol bien al atardecer o a la madrugada. Tiene una tamaño semejante al de la Tierra y es además el astro más cercano a nosotros por lo que su visión es mucho mejor que la de Mercurio aunque también se vea afectada por el fenómeno de las turbulencias. Debido a la densa atmósfera de Venus veremos poco más que sus fases y ligeramente alguna que otra sombra sobre el ecuador si se emplean filtros coloreados. Puede observarse entre los 50X y los 160X y mejor al crepúsculo que es cuando la atmósfera aparece menos densa y turbulenta que al atardecer.
MARTE - Con un diámetro ecuatorial que es la mitad del de la Tierra, Marte tampoco es un planeta fácil de observar. Por la noche destaca por su color rojo anaranjado y por un brillo superior al de cualquier otra estrella. Cuando la atmósfera está limpia y las condiciones son buenas en general pueden observarse los casquetes polares y algunas zonas oscuras hacia el centro del disco. El filtro más útil es el rojo-anaranjado y los aumentos entre 100X y 250X.
JÚPITER - Con unos simples prismáticos puede distinguirse fácilmente este gran planeta gaseoso y sus principales satélites Io, Europa, Ganímedes y Calixto. Con un telescopio, aunque pequeño, se observará sin mucha dificultad las dos características bandas ecuatoriales de este planeta e incluso la Gran Mancha Roja. En días sucesivos podrá comprobarse cómo esa mancha se desplaza siguiendo el que es el movimiento de rotación del planeta, por lo que en ocasiones no podremos observarla al estar en la cara opuesta. La observación de estas características se debe llevar a cabo con no menos de 100X.
SATURNO - Después de Júpiter es el planeta que mejor se ve con telescopio y junto con éste el que vuelve a dar aliento y esperanzas al aficionado principiante. Incluso con unos buenos prismáticos puede observarse su anillo y con telescopio alguna que otra banda ecuatorial y su satélite más grande Titán, de 5150 km de diámetro. Con un telescopio potente podrán verse otros tres satélites. El filtro más adecuado para usar con Saturno es el amarillo.
URANO y NEPTUNO - Después del entusiasmo que producen Júpiter y Saturno volvemos otra vez al mundo de lo pequeño en nuestro ocular, apenas un diminuto disco iluminado.
PLUTÓN - Con un diámetro menor que el de la Luna y a una distancia de casi 6.000 millones de kilómetros lo hace inaccesible al astrónomo aficionado. En todo caso, conociendo exactamente su posición, podremos ver un diminuto punto semejante a una estrella de brillo débil.
4. LAS CONSTELACIONES
Todos hemos visto o hemos realizado alguna vez uno de esos tests que consisten en completar una figura a la que le falta una recta o un punto de entre varias opciones posibles. O aquellos otros en los que se trata de distinguir una figura geométrica de entre una nube de puntos. Este tipo de tests están basados en el estudio de la percepción humana que, junto a lo investigado en otras áreas distintas de la psicología, desprenden una idea fundamental del comportamiento humano: la necesidad de estructurar nuestro entorno.
Los primeros observadores del firmamento no hicieron otra cosa que dejarse llevar por su propia naturaleza humana y basándose en sus creencias, mitos y religiones proyectaron en la bóveda celeste su bagaje cultural. Para ellos el cielo estrellado por sí sólo carecía de significado, pero cuando creyeron ver y distinguir en él a sus divinidades comenzaron a estructurar el aparente caos para convertirlo en un conjunto de figuras que de alguna manera explicaban los acontecimientos sociales y hasta su propia existencia.
Distintas civilizaciones y culturas pudieron haber visto distintas figuras en los mismos grupos de estrellas, tanto es así que si la observación del firmamento hubiera empezado en pleno siglo XX podemos estar seguros que en lugar de figuras humanas representando a dioses hubiéramos visto objetos mucho más relacionados con nuestra cultura tecnológica actual. A la constelación de Sagitario podríamos haberla llamado Computadora y a la de Escorpión la constelación del Radiotelescopio y ver en ellas precisamente esos objetos.
Pero han sido las constelaciones del legado griego -a las que se han sumado otras tantas del "mundo moderno", principalmente localizadas en el Hemisferio Sur- el que ha llegado hasta nosotros. Y lejos de su simbolismo original el caso es que las constelaciones nos sirven para estructurar el firmamento dividiéndolo a modo de parcelas. Las consecuencias de éste hecho son inmediatamente prácticas: por una parte hace posible un estudio sistemático y ordenado de la gran bóveda celeste y por otro permite una fácil y rápida localización de cualquier objeto en referencia a la constelación en la que se encuentra.
4.1. APRENDER A RECONOCER CONSTELACIONES
Quiera o no, una de las primeras tareas de cualquier aficionado a la Astronomía será aprender las constelaciones y reconocerlas en el firmamento. Algunas son realmente sencillas y evidentes pero otras no lo son tanto, especialmente cuando el cielo no es el más adecuado o cuando han cambiado de orientación debido al movimiento de rotación de la Tierra. Y algunas son más reconocibles según qué épocas del año.
Podemos empezar por las más fáciles, aprender el nombre de sus estrellas, al menos las más importantes y seguir después con otras constelaciones por su proximidad o localización con respecto a las que ya conocemos. Vamos a ver un ejemplo de esto:
En el Hemisferio Norte necesitamos localizar la estrella Polaris de la constelación Ursa Minor para poder alinear la montura ecuatorial. Polaris es una estrella poco brillante y pasa totalmente desapercibida por lo que tenemos que buscar primero su constelación para poderla situar. Pero lo cierto es que Ursa Minor es una constelación de visibilidad confusa si no se conoce muy bien su orientación actual y hacia donde mirar exactamente.
Afortunadamente podemos recurrir a la constelación Ursa Major que es muy extensa y evidente y las estrellas que conforman el llamado "carro" son muy brillantes. Veremos cómo podemos ayudarnos de ella para localizar a Ursa Minor y su estrella Polaris.
Tanto Ursa Major como Ursa Minor tienen forma de carro (ó de cucharón ó de cazo, según los gustos) y por la posición de ambas en el firmamento parece que el pequeño carro de Ursa Minor esté vertiendo su contenido en el gran carro de Ursa Major. Si localizamos el gran carro será más fácil encontrar al pequeño que está vertiendo ese contenido imaginario.
Otra manera sería trazar una recta desde la estrella Merak a Dubhe de Ursa Major y prolongarla en el firmamento. La orientación de esas dos estrellas conduce siempre a Ursa Minor y a las proximidades de su estrella Polaris que estábamos buscando.
Trazar rectas entre estrellas muy visibles que sabemos que nos llevan a otra estrella o constelación o crear asociaciones más o menos fantasiosas entre constelaciones próximas son estrategias nmotécnicas realmente útiles y eficaces. La combinación de las dos ayuda a localizar por un lado y a recordar los nombres por otro. Veamos dos ejemplos más:
Orion es una de las constelaciones más fáciles de reconocer en el firmamento y a partir de ella podemos llegar a otras tres que justamente representan animales.
Cuando la tengamos localizada podemos pensar que está corriendo porque detrás le persigue el perro Canis Major para morderle. Además Orion está disparando con un arco (algunos interpretan un escudo en lugar de un arco) al pecho del toro Taurus que lo tiene justo delante a punto de envestirle. Y justo a los pies de Orion la indefensa liebre Lupus está siendo pisoteada.
El arquero Sagittarius también dispara una flecha que parece ir dirigida a la rojiza estrella Antares en la constelación del escorpión Scorpius. Le dispara para proteger a la virgen Virgo a la cual quiere picar. Pero entre las malévolas intenciones de Scorpius y su inocente víctima Virgo está la balanza Libra para hacer justicia. Y no voy a contar aquí mi particular visión de Perseus, Andrómeda y Pegasus porque os podría resultar un tanto chocante.
Al tiempo que se aprenden nuevas constelaciones se deben ir aprendiendo también el nombre de las estrellas más importantes que la componen. Esto puede resultar un poco más difícil pero si jugamos a inventar asociaciones absurdas y fantasiosas -cuanto más mejor- veremos que tampoco resulta una tarea imposible. Además comprobaremos que muchas de estas constelaciones no tienen estrellas especialmente relevantes y con nombre propio y tampoco será necesario conocerlas todas.
4.2. EL NOMBRE DE LAS CONSTELACIONES
Podemos nombrar las constelaciones de distinta forma: por su nombre en latín, por su traducción al castellano o hacer referencia a ella a través de su abreviatura. En los mapas celestes se emplean preferentemente las abreviaturas que, por otro lado, son fáciles de aprender y recordar además de ser de reconocimiento internacional. La tabla siguiente lista las 88 constelaciones por orden alfabético en la que la primera columna es el nombre en latín, la segunda su abreviatura y la tercera el nombre en castellano.
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Al cabo de pocos meses observando el firmamento se puede comprobar que existe un conjunto de estrellas que son siempre visibles en cualquier época del año y a cualquier hora de la noche. Son las estrellas circumpolares y las constelaciones que puedan formar son llamadas también circumpolares. Son estrellas próximas al polo celeste de nuestra latitud en torno al cual parecen girar.
Así como las constelaciones circumpolares de nuestra latitud las vemos siempre, las del polo opuesto no tendremos nunca la ocasión de contemplarlas, precisamente porque están muy próximas a él. Es decir, se encuentran mucho más allá de la "ventana celeste" que nuestra latitud permite observar.
Finalmente cabe mencionar las constelaciones zodiacales. Son doce, y sus nombres por orden de transición en el firmamento: Aries, Taurus, Geminis, Cancer, Leo, Virgo, Libra, Scorpius, Sagittarius, Capricornus, Aquarius y Pisces. Su interés radica, entre otros, en que recorren la bóveda celeste siguiendo la Eclíptica y son un notable punto de referencia para localizar otras constelaciones.
La figura muestra cómo están dispuestas estas constelaciones y su valor no es más que el de servir de referencia para su memorización empleando el recurso que a cada cual se le ocurra. Las flechas del círculo interior indican el sentido de giro de la plantilla para ver cómo se suceden en el firmamento norte. Pasando el cursor por la imagen veremos cómo se disponen para un observador en el hemisferio sur. La interpretación de la figura sería la siguiente:
Aunque no deja de ser evidente sí resulta curioso que en un hemisferio las cosas parezcan suceder al revés que en el otro. Incluso el remolino que forma el agua al escapar por el desagüe es distinto en cada hemismerio (en el sentido de las agujas del reloj en en norte y contrario en el sur).
5. LAS ESTRELLAS
Dada la considerable distancia a la que se encuentran, a través de un telescopio las estrellas son siempre un punto pequeño y brillante. No son ampliables cualquiera que sea el instrumento utilizado. Recordemos que el planeta Plutón se haya a tan sólo 0,00062 años luz y Proxima Centauri, la estrella más cercana, se encuentra a 4,2 años luz (uno 40 billones de kilómetros).
Muchas estrellas tienen nombre propio, la mayoría de origen árabe, y aunque resulta realmente poético su empleo no es el más corriente. Rigurosamente hablando las estrellas se nombran empleando las letras del alfabeto griego a continuación de las cuales se referencia -con el nombre abreviado- la constelación en la que se encuentran. La primera letra de este alfabeto (alfa) está destinada a la estrella más brillante de esta constelación, la segunda (beta) a la siguiente más luminosa y así sucesivamente. Este es el criterio creado por J. Bayer según el cual, por ejemplo, la estrella Betelgeuse en la constelación de Orion es alfa Ori y la estrella Rigel de esa misma formación es beta Ori.
Pero como sólo hay 24 letras griegas y hay constelaciones con un mayor número de estrellas puede emplearse un criterio más de clasificación, el de Flamsteed, basado en asignar un número progresivo a cada estrella, no por brillo, sino por orden de Ascensión Recta.
El estudio de las estrellas es un campo rico y complejo que exige conocimientos avanzados e instrumental específico que queda muy lejos de las posibilidades del aficionado medio, pero no por ello deben dejar de observarse. Existen toda una serie de aspectos muy interesantes y accesibles, en mayor o menor medida, a nuestros telescopios y a nuestras posibilidades.
La magnitud aparente
Hace algo más de 2000 años que el astrónomo griego Hiparco ideó un método para medir el brillo de las estrellas en el firmamento, es decir, su magnitud aparente. La escala original constaba de seis magnitudes en la que la luminosidad de la magnitud siguiente era 2,5 veces superior a la anterior. Hoy sigue usándose el mismo método pero se han ampliado considerablemente los grados de brillo. Las estrellas más brillantes tienen magnitud 0 o negativa (Sirius, la más brillante, tiene magnitud -1,5), pero los potentes telescopios actuales pueden detectar estrellas de magnitud 26, es decir, unos 100 billones de veces menos luminosas que Sirius.
A simple vista el ojo humano es capaz de captar el brillo de estrellas de hasta magnitud 6, pero con un telescopio de tan solo 114 mm pueden observarse de hasta magnitud 12. La escala de magnitudes es independiente de la luminosidad real de la estrella (para lo cual es necesario conocer su distancia) y por ello el nombre de magnitud aparente.
El color
Si se presta un poco de atención se observa colores en las estrellas que pueden ser blanco, azul marino, azul, amarillo, anaranjado o rojo con todos sus matices. El ojo humano sólo tiene una limitada capacidad para captar estas tonalidades y contrastes en estrellas de luminosidad considerable por debajo de las cuales se pierde toda sensibilidad cromática, pero la fotografía puede revelarlos de manera muy intensa.
El color que vemos en las estrellas tiene que ver con la temperatura de su superficie según la siguiente escala:
![]() | Rojas: | 3.000° K | (2.726° C) |
| Amarillas: | 6.000° K | (5.726° C) | |
| Blancas: | 10.000° K | (9.726° C) | |
| Blanco-Azuladas: | 15.000° K | (14.726° C) | |
| Azules: | 40.000° K | (39.726° C) |
La temperatura superficial del Sol es de 5.500°C y lo veríamos de color amarillo desde Plutón. Betelgeuse y Rigel en la constelación de Orion, son roja y azul respectivamente. Aldebarán, en la constelación de Tauro, se muestra rojizo-anaranjada. En Geminis la estrella Castor es azul y Pollux anaranjada. Altair brilla con un amarillo intenso en la constelación del Aguila...
Estrellas dobles y múltiples
Las estrellas dobles -o sistemas binarios- y las múltiples -sistemas ternarios, cuaternarios, etc.- son aquellas que se encuentran muy próximas entre sí, bien físicamente o bien aparentemente. Las primeras son estrellas que han tenido un origen común a partir de una única nube de gas y que giran en torno de un baricentro (centro común) como si se persiguieran la una a la otra. Las segundas aparecen próximas sólo en perspectiva pudiendo estar tan alejadas entre sí que no tengan absolutamente nada que ver.
Recibe el nombre de desdoblamiento de sistemas o desdoblamiento de estrellas el hecho de llegar a distinguir los componentes que forman un sistema. El poder de resolución del telescopio es el que lleva a extremos esa capacidad en función del diámetro del objetivo.
La estrella Albireo (beta Cyg) es en realidad doble, una de color anaranjado y la otra azul marino. En Ursa Major la doble Mizar (zeta UMa) es también doble, sus dos componentes son blanco-azuladas. En la constelación del Centauro encontramos un sistema ternario en el que Proxima Centauri gira en torno a otras dos principales. Existen muchísimas más.
Estrellas variables
Son aquellas que cambian su luminosidad en periodos de tiempo más o menos largos. Son varios los motivos que producen este fenómeno y en base a ellos se ha establecido la siguiente clasificación:
5.1. LAS ESTRELLAS MÁS BRILLANTES
Todas las estrellas que podemos ver en el cielo pertenecen a una pequeña cantidad de entre los 100.000 millones de estrellas que existen en nuestra Galaxia. Más allá empezamos a ver otros objetos celestes pero no estrellas. En todo caso agrupaciones de éstas que podremos llegar a distinguir con potentes telescopios. Si a simple vista miramos una parte del cielo y contamos una quincena de estrellas, con un telescopio podríamos contar decenas e incluso centenares de ellas según las características del instrumento. Pero existe un buen número cuya luminosidad las hace especialmente atractivas a la observación.
En la tabla siguiente se muestran un total de noventa estrellas cuyas magnitudes aparentes están comprendidas entre la magnitud -1,46 de Sirius y la magnitud 2,50 de kappa Vel, siendo una buena referencia para determinar la constelación en la que se encuentran y dedicarles unas buenas dosis de atención.
Nótese que el nombre de las estrellas obedece a la nomenclatura habitual para nombrarlas, pero se ha escrito el nombre de la letra griega y no la letra en sí para evitar la carga de una nueva página de códigos donde figuraran esas grafías.
Los dos grupos de valores de la Declinación (Dec) deben leerse como grados y minutos. Por ejemplo, la Declinación de Sirius aparece como -16 43 que debe leerse -16° 43'.
6. CÚMULOS, NEBULOSAS Y GALAXIAS
Ya se ha visto anteriormente cómo se nombran las estrellas. Los objetos del espacio profundo también tienen un nombre que no es otra cosa que la referencia en el catálogo en el que han sido incluidos a medida que se descubren. Existen tres catálogos usados actualmente: Messier, NGC (New General Catalogue of Clusters and Nebulae) e IC (Internation Catalogue).
Oficialmente los números de Messier han sido sustituidos por los números del NGC, compilado por J.L.E.Dreyer. Según éste nuevo catálogo el objeto M31 de Messier se corresponde con el NGC 224. Los objetos incluidos en estos catálogos son básicamente cúmulos, nebulosas y galaxias.
Cúmulos estelares
Los cúmulos estelares son agrupaciones más o menos densas de hasta millones de estrellas formadas a partir de una misma masa de materia interestelar. Aunque esos enjambres parecen muy densos (y en realidad lo son), si sus estrellas fueran del tamaño de una pelota de ping-pong la distancia mínima entre ellas sería de unos 50 km. Se distinguen dos tipos de cúmulos:
Nebulosas
Las nebulosas son objetos no estelares formados por extensas nubes de gas de una densidad asombrosamente pequeña (del orden del millón de billones menor que el aire, pero de mucha mayor densidad que el propio espacio intergaláctico) iluminadas por estrellas que se encuentran en su interior. Las más conocidas son la Nebulosa de Orión, la Nebulosa Anular de Lyra, la Nebulosa Lechuza en la Osa Mayor, la Nebulosa Cabeza de Caballo en Orión, el saco de Carbón en Crux y la famosa Nebulosa del Cangrejo en Taurus.
Galaxias
Las galaxias son sistemas estelares semejantes y externos a nuestra propia Galaxia. Sus diámetros pueden ir desde las decenas de miles hasta centenares de miles de años luz. Las galaxias no son independientes unas de otras sino que están ligadas gravitacionalmente agrupadas en los llamados cúmulos, que a su vez se reúnen en estructuras superiores llamadas supercúmulos. El grupo en el que se encuentra nuestra Galaxia se le denomina Grupo Local y contiene una treintena de galaxias esparcidas en un espacio de 5 millones de años luz. El Grupo Local además se encuentra formando parte del Supercúmulo Local, de 100 millones de años luz, centrado en torno al cúmulo de Virgo (no es la constelación). Gracias a los sofisticados instrumentos y técnicas actuales se calcula que existen unos 100 billones de galaxias en el Universo conocido, que no es más que eso: el que se conoce.
Poniendo los pies otra vez en la Tierra, las galaxias, por las distintas formas que se han venido observando se clasifican en tres tipos básicos:
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| Nebulosa difusa M42 Nebulosa de Orión |
Cúmulo globular M13 Gran cúmulo de Hércules |
Galaxia espiral M31 Galaxia de Andrómeda |
6.1. CATÁLOGO MESSIER
Quizás para el aficionado sea más manejable el catálogo Messier, que incluye un total de 110 objetos la mayoría de los cuales muy accesibles a la observación, que el NGC o el IC. El NGC incluye más de 7.000 objetos (en los que se incluyen los 110 de Messier) descubiertos con posterioridad y con técnicas e instrumentos más avanzados.
Los dos grupos de valores de la Declinación (Dec) deben leerse como grados y minutos. Por ejemplo, la Declinación de M1 aparece como +22 01 que debe leerse +22° 01'.
7. ¿MÁS OBJETOS?
La variedad de objetos en el Universo no se agota con lo tratado hasta aquí. Los quasars, los pulsars, los agujeros negros y los planetas mucho más allá de nuestro Sistema Solar son temas que actualmente se están estudiando con especial énfasis por parte de la comunidad de científicos... y quién sabe cuantas cosas más puede haber allí a lo lejos. Por supuesto que todo ello queda un tanto al margen de nuestras posibilidades como aficionados, pero no está de más que echemos mano a un buen libro y aprendamos un poco más de todo ello.
Y a nivel algo más accesible he dejado un poco en el tintero a asteroides y meteoritos, a las llamadas lluvias de estrellas y a los cometas; por no decir ya de los fenómenos como los eclipses o cosas tales como las manchas solares o las mismísimas auroras boreales.
El motivo de ello no es otro que el que esta Web no ha pretendido nunca convertirse en un manual de objetos celestes con una descripción detallada de los mismos. Con el tema "Cosmos" sólo he pretendido guiar los primeros pasos del iniciado y situarlo en el punto de partida desde el que todos nosotros iniciamos en su día nuestra "aventura cósmica" (Carl Sagan). El terreno de la Astronomía es fructífero e inagotable como el Universo mismo.
Desde el primer momento esta Web se construyó en torno a la idea de que resultara ser un pequeño manual práctico de iniciación a la Astronomía. Tocar aquellos conceptos y detalles que en muchas ocasiones, a veces por obvios y otras dados por supuesto, no son tratados con la suficiente claridad como para que el iniciado pueda asimilarlos de una manera que les resulten útiles desde el primer momento. Lo cierto es que en el momento de escribir éste párrafo yo mismo dudo de haberlo conseguido. Si no ha sido así, al menos es una fuente más de información, la experiencia, el tiempo y la dedicación harán el resto.
Por supuesto que vivimos en un planeta realmente bello. Si alguien pudiera ir recorriendo cada uno de los planetas de nuestro Sistema Solar en un tiempo suficiente para que los recuerdos vividos no se perdieran de generación en generación, se maravillaría con todo aquello que viera. Después de quedar atónitos contemplando el gigantesco tamaño del Sol, podríamos intentar imaginar qué sensación sentiríamos al aproximarnos a Mercurio, Venus o Marte. Contemplar sus texturas y colores para llegar después hasta los inmensos Júpiter y Saturno y dejarlos atrás para recorrer miles de millones de kilómetros hasta alcanzar Neptuno, Urano y Plutón. ¡Cuanta distancia!.
Regresaríamos después al planeta que tan pacientemente nos acoge y contemplaríamos una maravilla totalmente distinta. Al acercarnos lentamente observaríamos un impresionante color azul para empezar a distinguir poco después grandes zonas blanquecinas entre las que nacerían colores marrones, verdosos y azules de distinta intensidad. Esta variedad en la superficie de los planetas conocidos no podemos encontrarla mas que en la Tierra.
En no pocas ocasiones me he estremecido mirando hacia arriba estando solos mi telescopio y yo en medio de ninguna parte oyendo el estridente ruido de la noche. Contemplar el firmamento desde la soledad hace pensar en cosas para las que, como humanos, no estamos capacitados o al menos no por el momento. ¿Cuál es el tamaño de todo esto? ¿De dónde vino? ¿Dónde están sus límites? ¿Hay límites realmente? Y siempre he procurado alejar estas preguntas de mis pensamientos porque no tienen respuestas y me temo que nunca las tendrán. Pero sí puedo dejar vagar mi imaginación por temas mucho más banales como la riqueza o podredumbre de nuestro propio Sistema Solar.
Desde nuestra privilegiada condición de seres conscientes y desde nuestra propia perspectiva egocéntrica la riqueza en nuestro Sistema Solar es la vida. Lo que somos no es más que el resultado de miles de millones de años de evolución de una pequeña parte de la misma materia de la que está hecha el Universo. Somos parte del Cosmos y es esa consciencia la que nos permite darle valor a este hecho.
Pero por supuesto que no somos los únicos seres vivos que habitan el Universo. Cada vez estamos más convencidos de que puedan existir otras formas de vida, inteligentes o no. Pero lamentablemente estamos atrapados en un espacio de distancias insalvables que limitan nuestra capacidad para llegar a afirmarlo o negarlo definitivamente. Cualesquiera que fueran las técnicas que permitieran enviar exploradores a otros lugares más allá de nuestro Sistema Solar no regresarían jamás en un tiempo suficiente como para poder informar de sus descubrimientos a aquellos que los vieron partir un día. En todo caso sucedería como si los reencuentros marcaran un nuevo principio de las cosas cada vez. Pero aún así disponemos todavía de unos cuantos millones de años para intentarlo antes de que el Sol se convierta en una gigante roja que engulla más allá de la órbita de la Tierra y la destruya, si no la hemos destruido nosotros antes.
Mi visión pobre del Sistema Solar lo es porque sabiendo la cantidad de objetos conocidos que existen en el Universo, y otros tantos por conocer, hemos ido a orbitar en torno a una estrella normal, con tan sólo nueve planetas uno de los cuales, el nuestro, no tiene más que un único satélite que además siempre nos ofrece la misma cara. ¿Cómo sería un planeta mucho más cercano al centro de nuestra Galaxia? ¿Qué hay en el centro de nuestra Galaxia? Es posible que con tantas exquisiteces ni siquiera estuviéramos aquí ahora.
Pero podemos seguir preguntándonos ¿cómo serían los días terrestres en una órbita en torno a un sistema binario o ternario ¿Y cómo las noches pudiendo contemplar el fantástico espectáculo de dos o tres lunas de distintos tamaños y superficies iluminándonos desde unas distancias tan asequibles a nuestra observación? ¿Y si a tan solo 0,00062 años luz existiera un planeta con vida inteligente?
ENLACES
Los enlaces que proporciono a continuación contienen una gran cantidad de información para el estudio y conocimiento del Universo.
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Vistas del Sistema Solar
por Calvin J. Hamilton |
Muy interesante y bien elaborada Web acerca de todo cuanto existe y acontece en nuestro Sistema Solar. Datos de todo tipo |
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Arriba
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www.astronum.net
Los números de la Astronomía